El oro de Mompox

Mompox, pequeña población en la zona costera cerca del mar Caribe, ostenta una de las tradiciones más antigüas en el trabajo de oro, que es la filigrana. Desde su fundación, los primeros pobladores se dedicaron a esta labor con oro y plata y desde entonces, la han mantenido, dando a conocerse con verdaderas obras de arte.

Este arte ha permanecido por generaciones en las familias momposinas y hoy en día forma parte de la economía local por los accesorios para los turistas que visitan la población. Por tratarse de un procedimiento artesanal, no hay dos piezas iguales, sino que cada una se convierte en pieza única.

La materia prima la traen del sur del departamento de Bolívar, en la parte norte de Colombia, de las minas de Barranca, San Martín y Santa Cruz, muy reconocida por sus grandes yacimientos auríferos. Los mineros extraen el metal y viajan hasta Mompox para ofrecerlo a los artesanos. Estos están asociados en cooperativas, en donde se encuentra artesanos de todas las edades y esta es la forma en que pasa el conocimiento de generación en generación, pero siempre son hombres.

Como el precoseso requiere varios pasos, el primero es la consecusión del metal de gran pureza; una vez que se tiene el metal, se procede a su transformación calentándolo a 960° con un soplete, hasta conseguir convertirlo en líquido; posteriormente se permite un ligero enfriamiento de un par de minutos en un molde de forma cuadrada y esto lo convierte en una sustancia perfectamente moldeable, semejante a la plastilina. En este estado se empieza a golpearlo con un martillo para adelgazarlo y llevarla a las medidas que se ddesan para la fabricación de las piezas. Una vez adelgazado, se trabaja el alambre hasta que queden hilos muy finos de trienta miligramos, hasta los tres metros aproximadamente. En este punto, se unen las dos puntas de los extremos del hilo, se enlaza en una especie de trenza y se le entrega en su mesa de trabajo a cada uno de los artistas, que le dará la forma que haya diseñado, ya sea para pendientes, collares, brazaletes y otros accesorios.

Esta tradición de origen indígena, se perfeccionó dutante el período colonial, pero en donde alcanzó su esplendor y delicadeza, fue con la llegada de los mercaderes árabes, que se establecieron principalmente en esa zona del país y quienes trajeron las herramientas necesarias para hacer de estas obras manuales, maravillosas obras de arte.

 

 

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