Orfebrería Muisca

Los muiscas o chibchas era el pueblo indígena que pobló lo que se conoce como el altiplano cundiboyacense, ubicado entre los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, y el sur del departamento de Santander en Colombia, en Suramérica. Sus descendientes, aun cuando mezclados con otros pueblos, sobretodo con los españoles viven actualmente en los municipios cercanos a Bogotá, capital de la República de Colombia. Su nombre muisca muyska, significa persona, gente.

En la época prehispánica, los muiscas eran fundamentalmente un pueblo agrícola que cultivaba, maíz, papa, quinua y algodón entre otros productos, pero su mayor habilidad era la orfebrería. Como tenían sal, practicaban el trueque con este producto y mantas, cerámicas, coca y esmeraldas con los pueblos vecinos, como los muzos, panches, sutagaos, tecuas, etc.  Como en su territorio no existían yacimientos de oro, lo obtenían por transacciones de trueque con sus vecinos. Pero sin lugar a dudas, su mayor habilidad era la orfebrería, a través de la que hacían magníficas figurilla y objetos de adorno, tales como tiaras, narigueras, diademas, collares, pulseras, máscaras y  pectorales; sin embargo, sus piezas más famosas fueron los tunjos, que consistían en pequeñas figuras humanas,  antropomorfas y zoomorfas elaboradas en una placa triangular muy delgada y decoradas con hilos de oro. Al observarlas se puede ver claramente que se trata de estilizaciones hechas con la técnica de la cera fundida, llevada a grandes temperaturas. Eran como ídolos de oro. En las excavaciones de cementerios y santuarios muiscas, se han hallado rastros de esta industria, como patenas, instrumentos musicales, gran variedad de vasijas y por supuesto, los famosos tunjos.

Para estos artesanos, el arte significaba no solamente una representación estética, sino fundamentalmente un simbolismo religioso. De acuerdo a los usos, regiones y épocas se consideran tres estilos distintivos de esta orfebrería.

Partían de una aleación de oro argentífero, es decir medio plateado, nativo en proporciones variables con el cobre puro y de esa manera lograban aleaciones de color dorado, conocidas en Colombia, con el nombre de tumbaga. Pero el oro usado por los muiscas, era importado de otras regiones y llegó a encontrarse con tal abundancia que se cuenta que a la llegada de los españoles, en la sabana de Bogotá, extensa altiplanicie que forma parte del altiplano cundiboyacense, se veían campanillas de oro que colgaban de los árboles. Por estos usos generalizados, más las leyendas propias de la región crearían el mito de El Dorado.

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