El titanio

Este metal precioso se encuentra de manera abundante en la naturaleza y justamente por eso, ocupa el cuarto lugar en abundancia en la escala de metales estructurales que e encuentra en la superficie de la tierra y el noveno lugar en la categoría de los llamados metales industriales. Aun cuando no se halla en estado puro sino en condición de óxidos, en los residuos o desechos de algunos metales como el hierro, también se encuentra en las cenizas de animales y plantas.

Como se trata de un mineral muy habitual en la naturaleza, suena un poco increíble la variedad de posibilidades donde se encuentra en titanio, como son además de los ya mencionados en las rocas ígneas, en los materiales en descomposición que se hallan justamente en esas rocas ígneas, en muchos minerales y en todos los organismos vegetales.

Su nombre se deriva  de los Titanes, los hijos de Urano y Gea en la mitología griega y fue descubierto en 1791 por William Gregor quien literalmente “se lo encontró” mientras realizaba análisis de otros materiales que había encontrado. Pero quien le dio su nombre en 1795 fue Martín Kalprotz, quien había sido el descubridor del uranio.

Su primera fuente de extracción es el rutilo (óxido de titanio)  que es muy abundante en las arenas costeras. Para poder obtener el titanio debe someterse antes al proceso de refinamiento con el propósito de evitar su reacción con sustancias como lo son el nitrógeno, oxígeno e hidrógeno. El primer químico que obtuvo el titanio con una pureza del 99.9 % fue Matthew A. Hunter, quien lo obtuvo calentando tetracloruro de titanio con sodio.

Sin embargo, el titanio como metal solo se usó hasta 1946, gracias a William Justin Kroll quien desarrolló un método para hacer una producción industrial, reduciéndolo con magnesio. Este método, llamado el Método de Kroll, aun hoy en día es utilizado. El proceso consiste en mantener el metal en una atmósfera de gas inerte, como el argón o el helio, cuya cualidad es que les impide tener una reacción con otros elementos.

Su utilización más común es en la industria de la tecnología aeroespacial, puesto que es capaz de soportar las condiciones extremas de frío y calor que se dan en el espacio y en la industria química, por su gran resistencia a los ácidos. Como tiene propiedades biocompatibles, ya que los tejidos del organismo toleran su presencia, por lo que se usa exitosamente en la fabricación de prótesis e implantes.

 

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